viernes, 28 de mayo de 2010

El otro día pasé con la bici por delante de una pareja de viejitos sentados en un banco. Ellos me miraron a mi y a las ruedas de la bicicleta alternativamente. Luego, se miraron a los ojos.

Que bonito tiene que ser haber pasado ya por todo de la mano,
hasta por el amor.

Me pregunto si ellos al buscarse los ojos pensaron:
Lo haría de nuevo todo sin pensar contigo, al lado, dentro.

Me he marchado tan lejos y tan cerca de ti.

Que bien olías ayer a eso de las dos de la mañana...
allá, donde quiera que estés pensando no sé qué,
o si acaso
en una nada, que tenga las mismas letras que mi nombre.

Me pregunto, cuanto tiempo tardarás en encontrarme...
Quiero demostrar algo, una teoría:
que las personas están predestinadas,


como los desastres, los trenes,
las cadencias,
los intrumentos de viento:
más el oboe que ninguno...

las pieles..

que vendrás,
que sabrás,


que soy más en ti ya,
que conmigo misma,
el resto que me queda.