Que rareza escucharte la voz, y eso que sólo era la segunda vez. Y dirás tu, es sólo una voz, tan sólo se trata de no sé, unos timbres, de una cosa en la garganta, allá al fondo a la derecha que vibra, que hace que tú seas tú, que adquieras contorno, que seas.
Y has sido, tan cerca. Que no me ha dado de todo por el cuerpo, porque haya visto lo que tú, me has dicho esta tarde que habías visto, abismos por todas partes con rocas puntiagudas rodeándonos, barrancos has dicho, no me ha dado miedo, porque de repente me hayan entrado ganas de estar ahí contigo, acurrucada en una frase parecida ano te conozco, pero estás tan dentro. No he sentido pánico al ver con claridad que pronto tus abrazos van a ser un destino con techo, y cortinas y sin nada de vergüenza, ni del largo de la falda, ni por mi lengua en tu boca, ni mi mano en tu espalda o en tu miedo.
Que no, que no ha sido nada de eso, no sé que ha sido...
Ha sido escucharte, y todo, se ha resquebrajado. Se han partido julio, y los platos del armario, mis defensas, los cimientos, un autobus que pasaba, yo...
Todo menos todas las ganas de todo de este mundo. Y ahí estoy, y vendrás, e iremos. Ya está todo, todo menos el porqué que a ninguno de los dos nos interesan las cosas que se dedican a estorbar. Y todo por tu voz y un precipicio.