domingo, 30 de mayo de 2010

¿Por qué estás ahí?

me lo pregunto siempre que apareces, cuando doblas la esquina y te anuncias, cuando de repente decides que es la hora, cuando irrumpes con tu presencia en mi vida de nuevo un día más...

Es un simple gesto. Un click del dedo indice. Un mundo junto a otro.
Un rato que a veces se transforma en una vida entera.
Y todo es justo en el mundo en ese tiempo.
Nadie puede estar muriendo en ese instante en ninguna latitud de ningún mapa, porque no existen los mapas, y las fronteras, tan sólo son sospechas, quizas de la infelicidad, que cree haber recibido un telegrama con el indulto a su orden de desaucio, firmada y dictada por tus manos...

Y te miro, ahí tan lejos, y me digo por dentro: lo lamento, pero no quiero evitarlo. Mis ojos se transforman sin quererlo en una línea oscura, si te veo, y me ríen, niños, huérfanos felices por culpa de tus manos...
Tus manos...

Me preguntas: ¿cuándo vuelves? Te echo de menos.

- No puedo, sabes qué y por quién me convierto en agua últimamente...

Te lo digo a ti: el motivo de que yo de repente entienda el porqué de la caída suicida de todas las cataratas de este mundo...
Te lo digo, porque siempre pensé que la mejor defensa sin duda era el desnudo...


¿Ves? No puedo volver.

Aún sólo soy agua que tiembla porque sí...